Deberíamos aburrirnos más
El día que me quedé dos horas sola con mis pensamientos y sobreviví.
Hace unas semanas hice un viaje en moto con un amigo. Una hora de ida y otra de vuelta. Al principio para estar entretenida y no aburrirme pensé en ponerme música, mirar el paisaje y sentirme misteriosa mientras el viento me enredaba todo el pelo.
Pero nada de eso ocurrió.
Los auriculares me molestaban con el casco puesto y las gafas más de lo mismo, por lo que poco podía apreciar de las vistas. Así que, durante dos horas fui sentada detrás de una persona con una visión bastante abstracta del mundo. Árboles borrosos. Montañas borrosas. Alguna vaca probablemente borrosa.
Y de repente me encontré en una situación que hacía muchísimo tiempo que no experimentaba… y es que no podía distraerme.
No podía escuchar nada. No podía hablar con nadie. No podía mirar una pantalla. No podía responder mensajes. No podía abrir TikTok “solo cinco minutos” (esa frase que todas decimos con la misma confianza con la que alguien dice “solo una copa”).
Así que me tocó hacer algo bastante radical para una persona nacida en esta generación.
Pensar.
★ El aburrimiento antes era un problema, ahora es casi una rareza
Durante los primeros minutos mi cabeza hizo lo de siempre cuando no tiene nada a lo que agarrarse: correr en círculos.
Pensé en cosas que tenía que hacer, en qué iba a pedirme en el restaurante, en la última canción que había escuchado, en cosas que claramente no eran urgentes pero que mi cerebro decidió meter en “prioritario” por alguna razón.
Y luego, sin avisar, todo eso empezó a aflojar.
Dejé de saltar de una cosa a otra cada cinco segundos y, por primera vez en mucho tiempo, pude quedarme en un pensamiento sin que otro viniera a interrumpirlo como si tuviera prisa.
Y me dio hasta un poco de vértigo, la verdad.
★ Hemos entrenado a nuestro cerebro para no quedarse quieto
No creo que no tengamos tiempo, creo que no dejamos espacio.
Esperar el metro. Hacer cola en un supermercado. Estar cinco minutos antes de que empiece algo. Ese rato tonto en la cama antes de dormir.
Antes eran huecos, ahora son huecos ocupados. Y no porque lo decidamos conscientemente, sino porque el reflejo ya está automatizado.
Como abrir la nevera sin hambre. No porque quieras comer, sino porque no sabes muy bien qué hacer con esos minutos vacíos.
Con el móvil pasa exactamente lo mismo.
Lo abrimos sin pensar. No porque haya pasado algo interesante, sino porque ha aparecido algo peor: un momento sin estímulo.
★ El problema no es el entretenimiento, es la incapacidad de parar
Y es que desde hace un tiempo, me he fijado en que ya ni siquiera disfrutamos todo lo que consumimos.
Hay días en los que estoy viendo una serie mientras miro el móvil, y el móvil mientras “veo” la serie, y en algún momento intermedio me doy cuenta de que no sé en qué punto de la trama estoy.
Y no es por falta de interés, es porque necesito ese exceso de estímulo.
Como si el cerebro hubiera perdido la capacidad de sostener una sola cosa durante más de unos minutos sin pedir otra.
★ TikTok y la ilusión de estar haciendo algo
El otro día me puse “un momento” a ver TikTok.
Dos horas después seguía ahí.
Y lo más raro no es el tiempo, es cómo ocurre. No hay decisión clara, ni punto de no retorno. Solo empiezas a ver vídeos “un segundo” y cuando te quieres dar cuenta ya has cambiado de estado mental tres veces y probablemente de postura otras cinco.
No me quedé con nada en concreto. Ni ideas, ni risas de esas que te duran, ni inspiración, ni ese vídeo que luego le mandas a alguien porque te ha tocado algo por dentro.
Solo una especie de ruido acumulado. Como si hubiera estado ocupada todo el rato, pero sin haber hecho nada que realmente se quede contigo.
Y lo inquietante es eso, la facilidad con la que te vas sin irte a ningún sitio.
★ Cuando no te distraes, aparecen cosas
Lo curioso de aquellas dos horas en moto es que, en el momento en el que dejé de intentar entretenerme, empezaron a aparecer cosas.
Ideas para escribir. Recuerdos sueltos. Pensamientos que no había terminado de pensar en su momento.
No era nada especialmente profundo, pero sí algo que últimamente me pasa poco: pensamientos que no se cortan a mitad.
Y me dio por pensar que quizá no estamos tan cansadas por hacer demasiado, sino por no estar casi nunca del todo donde estamos.
★ El aburrimiento no es vacío. Es espacio
Creo que hemos confundido aburrimiento con vacío, como si no hacer nada fuera una especie de fallo en nuestro interior.
Pero en realidad, el aburrimiento es uno de los pocos momentos en los que no estás recibiendo ninguna respuesta externa. Y eso, aunque al principio incomode un poco, también permite que aparezca lo de dentro.
Ideas. Recuerdos. Decisiones que estabas posponiendo. Pensamientos que no cabían entre estímulo y estímulo.
★ Quizá no necesitamos menos pantallas. Quizá necesitamos más silencio
Cuando terminé el trayecto no tuve ninguna sensación de haber “aprovechado” el tiempo.
No hice nada productivo. No avancé nada. No resolví nada. Y, sin embargo, salí con la cabeza más despejada de lo habitual. Como si durante dos horas hubiera dejado de intentar salir corriendo de mí misma.
Y es que al fin y al cabo, no creo que el problema sea TikTok, ni las series, ni el móvil en sí. Al final todo eso existe porque es fácil, porque entretiene, porque está a un gesto de distancia cuando hay un segundo que no sabemos qué hacer con él.
El problema es lo poco acostumbradas que estamos a no tener nada delante y lo rápido que rellenamos ese “nada” sin pensarlo demasiado.
Quizá por eso aquel trayecto en moto se me quedó tan grabado.
Porque no pasó nada.
Y precisamente por eso pasó algo.






Leyendo tu texto fue inevitable no acordarme de una psiquiatra y autora española que habla sobre esto, se llama Marian Rojas Estapé, no sé si la conozcas, pero te la recomiendo muchísimo. Ella habla de que el aburrimiento es necesario porque en él piensas más, tienes momentos introspectivos y sobre todo, te conoces un poco más, pero la gente le teme a quedarse solo en su cabeza, porque muchas veces puede decirnos cosas que no queremos escuchar.
Me ha encantado tu artículo. Súper necesario hablar de este tema.
Ayyy disfruté mucho leerte.. Y la paradoja, mientras leía esto, tenia un video de YT de fondo jajaja (si le puse pausa al video, cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo).
Me pasa así en el transporte público, hago trayectos mínimo de 1 hora a cada lugar al que quiero ir o volver y pues es bastante y muchas veces molesto. Pero de lo que si da oportunidad, es eso de "hacer nada", convivir contigo, con tu mente (si es que logras no entretenerte con el vecino de asiento o con música o un libro) y a veces encuentro cosas que no sabía como resolver o que quería hacer, intentar, corregir, iniciar.